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Universo Amalur

viernes, septiembre 12, 2008

Neandertales Gallegos Vs Neandertales Cantábricos


Leo en un artículo de La voz de Galicia sobre las relaciones y semejanzas entre poblaciones de Nenadertales gallegas y cantábricas. El estudio de los restos en un reciente yacimiento en la cueva de Triacastela va a ayudar a desentrañar estas relaciones entre las poblaciones arcaicas del norte peninsular.

El artículo comenta lo siguiente:

«Cuando se trata del hombre de Neandertal, toda la zona cantábrica se suele estudiar como un conjunto, pero Galicia quedaba fuera, porque era muy poco lo que se conocía de ese período en territorio gallego», señala Talía Lazuén, arqueóloga de la Universidad de Cantabria que codirige las excavaciones de Cova Eirós. La investigadora indica que es demasiado pronto para decir si el yacimiento de Triacastela presenta muchos paralelismos con otros poblamientos neandertales de las regiones próximas, ya que para ello aún habrá que someter a un detallado examen de laboratorio los artefactos de piedra y los restos de animales recuperados en esta cueva.
Una de las diferencias encontradas en los exámenes preliminares destaca que hay una proporción muy alta de piezas talladas en cuarzo, un material que es muy raro encontrar en los yacimientos cantábricos y, además, las herramientas líticas han aparecido acompañadas de abundantes restos de fauna. Tal y como se comenta:

Esta circunstancia lo emparenta también con los yacimientos del área cantábrica, donde, según indica Talía Lazuén, «encontrar restos de animales junto con las industrias líticas es lo más normal del mundo». El análisis de estas piezas, por lo tanto, puede servir para obtener datos sobre las prácticas de caza y alimentación de los neandertales de las montañas lucenses y compararlos con lo que se ha logrado averiguar sobre los hábitos de vida de sus parientes de los territorios cantábricos.


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martes, julio 01, 2008

Estudio Geológico en Atapuerca


Leo en heraldo.es un artículo sobre un estudio geológico que ayudará al equipo de Atapuerca en sus excavaciones. Este estudio servirá de base y será determinante para elaborar un plan estratégico en las excavaciones de Atapuerca. El objetivo es dejar un plan en marcha y más yacimientos localizados.

Se está utilizando una sonda de Tomografía Axial Computerizada (TAC) en la zona de la Gran Dolina, la cueva "Zarpazos" y la "Galería", lo que permitirá establecer cómo están situadas las cavidades no visibles. Las conclusiones del estudio ayudarán a realizar un plan para los próximos diez años que se comunicará a la Junta de Castilla y León, dado que debe ser aprobado por el gobierno regional.

Se incluirá una propuesta de actuación en la cueva de "El Mirador", donde se piensa que se encontrarán restos de Neandertales, aunque en este momento trabajan en una zona donde se produjeron varios derrumbes y los bloques de piedra dificultan el avance.

Lo mejor que puede ocurrir en esta campaña de excavaciones en Atapuerca es el hallazgo de nuevos restos de Homo Antecesor en el nivel TD-6 de Gran Dolina, donde ya se localizó parte de una mandíbula de más de un millón de años de antigüedad.

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lunes, junio 30, 2008

Una BD Relacional para las Excavaciones de Atapuerca

Según leo en un artículo de Terra

Está previsto que esta herramienta informática, denominada 3COOR Data Base y que supone 'un hito' en la investigación arqueológica respecto a tradicionales técnicas de almacenamiento y de acceso de datos, esté plenamente operativa en dos años, según sus responsables.

En el acto de presentación de esta aplicación informática, celebrado en el yacimiento de Atapuerca, intervinieron, entre otros, el arqueólogo Eudald Carbonell, codirector de las excavaciones, y otros responsables del proyecto, como Antoni Canals, quienes insistieron en las bondades de este proyecto, que permitirá incluso a los excavadores 'in situ' modificar de forma instantánea e inalámbrica los datos introducidos en un servidor.
Según se comenta en el artículo, el 75% de la información ya está cargada con datos desde el año 2000. La base de datos contendrá la información estructurada que se consigue directamente en el yacimiento (incluidas fotografías de los objetos, dibujos, esquemas) y la que aportan los investigadores obtenida en el laboratorio, así como toda aquella información desestructurada que esté disponible.

Las personas que trabajan en los yacimientos de Atapuerca utilizan ya el nuevo sistema en el propio terreno, introduciendo todos los datos de los objetos hallados en unas PDAs, desde donde se envía la información, vía WiFi, desde el yacimiento, a una base de datos ubicada en las mismas excavaciones.




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miércoles, junio 25, 2008

Las Excavaciones de Atapuerca Podrían Ampliarse


Según he podido leer en Radio Arlanzón, se está planteando la posibilidad de ampliar el alcance de las famosas excavaciones de Atapuerca.

Los investigadores de la Fundación Atapuerca van a mantener este mismo verano una reunión con representantes de la Junta de Castilla y León cuyo objetivo es convertir estas excavaciones en un importante referente internacional en el cambio de la investigación de la evolución humana.

Algunas de las excavaciones, como la Gran Dolina o el Mirador, tendrían que ser ampliadas o reconducidas para consolidar la Fundación como una de las más prestigiosas e incrementar sus recursos y sus actividades e, incluso, plantear una línea de apoyo a otros proyectos e iniciativas.

Dos de los directores de las excavaciones, Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro, afirman que, aunque conocen bien las excavaciones, no saben lo que se van a encontrar. Aún así afirman que los descubrimientos importantes están todavía por venir.


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martes, junio 17, 2008

Nueva Temporada en Atapuerca


Durante la primera quincena de este mes, los trabajos se han centrado en distintas zonas, entre ellas la Sima del Elefante, sita en la Trinchera del Ferrocarril. Durante la campaña de excavación de 2007, el Equipo Investigador de Atapuerca realizó el descubrimiento de una mandíbula humana asociada a útiles de sílex de tradición Olduvayense (Modo 1) de 1.200.000 años de antigüedad, es decir, la correspondiente al primer europeo, el cual se encuentra en la Sierra de Atapuerca de Burgos.

Los trabajos también se realizaran en la Trinchera del Ferrocarril, en la Covacha de los Zarpazos y en la Gran Dolina, que es el yacimiento donde fue hallada la especie Homo antecessor, así como a la Cueva del Mirador, ésta orientada a la Sierra de la Demanda, y al asentamiento al aire libre llamado Hotel California, en el que se excava por tercer año consecutivo.

Estos son los yacimientos que se excavaran este mes de junio. A partir de julio se seguirá excavando en los yacimientos ya citados y además en el Portalón de Cueva Mayor y en la ya famosa Sima de los Huesos, al tiempo que seguirán realizando las labores de lavado de sedimento en las orillas del río Arlanzón a su paso por Ibeas de Juarros.




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martes, junio 03, 2008

Secuestro de Mujeres en el Neolítico


Leo en el mundo un artículo sobre las conclusiones a las que han llegado una serie de investigadores sobre los restos dentales de un enterramiento de 34 individuos en los alrededores de lo que hoy es la ciudad alemana de Talheim, cerca de Lepizig.

Todos ellos fueron asesinados salvajemente en el mismo ataque, algunos con fuertes golpes de hachas de piedra en la cabeza. De las tres tribus que hay enterradas, una de ellas sólo tiene restos de hombres:

Ello hace pensar a los investigadores que las hembras habían sido capturadas por los atacantes y llevadas vivas a otro lugar. Este secuestro habría sido la causa por la que se inició la cruenta batalla.
También señalan que se sabe que hay peleas por las mujeres desde hace cientos de años, pero que en el registro arqueológico era muy difícil discernir si ésta era la causa de algunas batallas o habían influido otros factores.

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jueves, mayo 22, 2008

La Arqueología, nada que ver con Indiana Jones



El reciente estreno de la nueva película de Indiana Jones me ha hecho pensar en el estereotipo que la industria del cine ha querido siempre adjudicar a esta profesión. Sobre esto habla Juan Luis Montero (doctor en historia antigua y experto en arqueología mesopotámica) en un artículo de la Cadena SER:


Para comprender que el trabajo del arqueólogo es mucho menos espectacular de lo que se nos vende en el cine, basta con echar un vistazo a los descubrimientos más relevantes de este año: Un diente de 2 centímetros en Atapuerca que ha permitido averiguar que el primer europeo se paseó por Burgos hace 1.200.000 años. Un busto de Julio César hallado en el lecho de un río en el sur de Francia ha permitido conocer la primera reproducción del emperador hecha en vida, ya que todas las conocidas hasta ahora se hicieron una vez muerto.

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jueves, octubre 21, 2004

El canibalismo a Debate

Un nuevo estudio sobre el canibalismo permite interpretar de forma más humana el comportamiento de los homínidos en Atapuerca.

Encontrar indicios de prácticas antropofágicas en el registro antropológico no es nada frecuente. Además, desde los años 80, numerosos investigadores se lo piensan dos veces antes de formular tales hipótesis. Las reclamaciones de los pueblos indígenas y una visión rousseauniana de las tribus pre-industriales han provocado que sólo con pruebas demoledoras se hable directamente de canibalismo. Son varios los yacimientos en los que se han hallado restos humanos fragmentados y con marcas de corte en sus huesos que parecen probar la existencia de la antropofagia entre los pueblos rehistóricos. El caso más remoto demostrado de canibalismo ha sido hallado en el nivel TD-6 del yacimiento Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca, con una antigüedad cercana a los 800.000 años, y practicado sobre un pequeño grupo de Homo antecessor. Aquí, seis individuos (dos niños, dos adolescentes y dos adultos jóvenes) fueron despiezados, fracturados y consumidos por otros homínidos. Hay, sin embargo, recientes estudios sobre algunos restos procedentes de Sudáfrica, de más de un millón de años, que pudieran avalar que estos hábitos alimenticios fueron realizados desde el origen del género Homo. Nuevos datos de canibalismo se apuntan para restos de Etiopía (Bodo) y Francia (Aragó) datados en 600.000 y 400.000 años respectivamente. Pero cuando este hábito parece generalizarse es con los neandertales, hace unos 100.000 años, ya que numerosos sitios que muestran este tipo de restos presentan indicios que avalan tales costumbres. Zafarraya en España, Abri Moula, Marillac o Combe Grenal en Francia, y, entre otros muchos, Krapina y Vindija en Croacia son los mejores ejemplos. La antropofagia ha continuado en nuestros días no sólo en tribus. Las hambrunas en Africa y las venganzas políticas en la ocupación de China son los casos más conocidos de un hábito en la actualidad, felizmente tabú. A la hora de interpretar el tipo y las causas del canibalismo, los investigadores han recurrido a las comparaciones etnográficas, es decir, al estudio de pueblos en los que se ha narrado el tratamiento de cadáveres humanos. Se han buscado paralelos en los Aztecas de México, los Foré de Papúa Nueva Guinea, los Anasazi de norteamérica o varios pueblos de las islas Fiji, habiendo apreciado que hay numerosas causas que conducen a la manipulación de los cuerpos. Algunas de las
hipótesis más formuladas apuntan hacia motivos tales como la subsistencia, los rituales, la belicosidad, etc., que han contribuido a crear una imagen de seres salvajes, muy alejados de las normas actuales que consideran la antropofagia como un acto impropio de los humanos. En concreto, para los restos de la Gran Dolina se planteó por los investigadores de Atapuerca que los humanos comieron a sus semejantes por motivos nutricionales no ligados a la necesidad subsistencial. Sin que sepamos si hubo violencia previa, lo cierto es que todo indica que los grupos de antecessor formaban parte de la dieta más o menos habitual de los homínidos. Sin embargo las investigaciones de la antropóloga Conklin apuntan hacia otro lado. El canibalismo de los Wari se manifiesta bajo dos modalidades: por un lado el realizado para con sus enemigos, expresando el odio que sienten hacia ellos, pero por otro lado el respeto y la admiración que sienten hacia sus muertos más allegados. En este último caso tratan de hacer desaparecer todo lo que les evoque a él, incluyendo la quema de sus pertenencias, el olvido de sus nombres o el cambio de todo los que les recuerde a él. En este concepto de ausencia es donde se encuadraría la práctica del canibalismo, ya que el cuerpo es un recuerdo muy acusado del fallecido. Pensar en el canibalismo como una forma de hacer frente al dolor que supone perder un ser
querido conlleva, según Conklin, una perspectiva positiva y más humana de este tipo de prácticas tradicionalmente estigmatizadas y denigradas por nuestra sociedad. En este contexto, quizá los restos de Dolina no sean ni un acto violento ni una ingesta de carne por el simple hecho de que fueran un alimento más. Quizá estos homínidos sólo pretendían unirse en la muerte tanto como unidos estaban en vida.

BIBLIOGRAFIA:

White, Tim D. 2001. ''Prehistoria del Canibalismo''. Investigación y Ciencia. Nº 301. Pág. 50-63. Villa, Paola.
1992. ''Cannibalism in Prehistoric Europe''. Evolutionary Anthropology. Volumen 1 (3). Págs 93-104. La Mort
dans la Prehistoire. Histoire et Archeologie. Nº 66/septembre 1982. Harris, Marvin. 1993. Bueno para comer.
Ed. Alianza. 289 p. Fernández Jalvo, Y., Díez J. C., Cáceres, I. y Rosell J. 1999. ''Human Cannibalism in the
Early Pleistocene of Europe (Gran Dolina, Sierra de Atapuerca, Burgos, Spain)''. Journal of Human Evolution
591-622

ENLACES:

http://news.nationalgeographic.com/news/2003/
http://phrontistery.50megs.com/cannibalism.pdf
http://www.sciencenews.org/sn_arc99/10_2_99/fob4.htm
http://lilt-vetri.lilt.ilstu.edu/rtdirks/CANNIBAL.html

FUENTE:

http://www.atapuerca.com

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El Lenguaje

Los humanos poseemos la capacidad de comunicar información mucho más compleja y detallada que cualquier otro ser, pero ¿cuándo, cómo y por qué apareció esa capacidad?
Hasta el momento, no existe un consenso entre los estudiosos del tema sobre el momento de la aparición del lenguaje ni la forma en que éste fue evolucionando. Hay quienes piensan que los australopitecos tenían una significativa capacidad para el lenguaje hace cuatro millones de años,
mientras que otros aseguran que el lenguaje apareció sólo con la expansión del simbolismo, hace unos 40.000 años aproximadamente. Por otra parte, hay investigadores que argumentan que el lenguaje es un producto colateral del hecho de que los humanos modernos posean un cerebro más grande y una mayor inteligencia que otros seres vivos. Una corriente contraria aboga, no obstante, por interpretar su aparición en íntima relación con una adaptación ensamblada por la selección natural con el propósito de la comunicación. EL LENGUAJE PERMITE A LOS HABLANTES MODIFICAR LOS PENSAMIENTOS DE SUS OYENTES. No es posible, por el momento, el hecho de reconstruir su historia evolutiva al igual que hacemos hoy día con el bipedismo por ejemplo, debido a las escasas, que no nulas, huellas que deja esta adopción en el registro fósil. Sin embargo, algunas de estas huellas nos pueden aproximar brevemente a lo que sucedió. A pesar de que, como antes decíamos, no existe unanimidad en la comunidad internacional sobre cuándo evolucionó el lenguaje, la reconstrucción de la anatomía cerebral de los primeros homínidos proporciona los mejores indicios de que el lenguaje apareció tempranamente. Efectivamente, gracias al empleo de la tomografía y a los moldes endocraneales de fósiles de homínidos, se puede conocer el grado de actividad y desarrollo interno de las diferentes áreas que componen el cerebro, prestando especial atención a la de Broca y a la de Wernicke. Según estos estudios, la primera evidencia clara de estructuras cerebrales relacionadas con el lenguaje aparece en los primeros Homo, en concreto en el Homo ergaster, según se desprende de los análisis efectuados sobre el cráneo del Niño de Turkana. Pero no son estas las únicas trasformaciones que se han de producir en el cuerpo para la consecución de un lenguaje complejo y articulado como el que poseemos actualmente. En los humanos, la existencia de lenguaje implica que exista un descenso de la laringe, hecho que actualmente se produce a partir de los dos años de edad, perdiendo la capacidad que tienen los animales y nuestros bebés de respirar y beber al mismo tiempo. En LA GEOMETRÃ?A DE LA BOCA Y LA GARGANTA HUMANAS SON NECESARIAS PARA EL HABLA. Otra parte del aparato fonador que tiene mucho que decir es el hueso hioides. Este hueso, que en la práctica permite a lengua y laringe estar en un determinado lugar, es lamentablemente muy escaso en el registro fósil actual. Al primer hioides encontrado en Kebara (Israel) en los años ochenta y perteneciente a un Neandertal hay que añadir ahora un par de fragmentos recientemente encontrados en una cueva asturiana (El Sidrón), también pertenecientes a Neandertal, y los dos hioides completos hallados años atrás en la Sima de los Huesos (Atapuerca). Mientras que los hioides de neandertal son muy parecidos a los hioides modernos, lo que sugiere unas capacidades similares para el lenguaje articulado y complejo, el reciente estudio de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez sobre la base del cráneo 5 y los dos hioides de la Sima de los Huesos apunta a que el aparato fonador de los Homo heidelbergensis se encuentra a medio camino entre el de los primates y el de la humanidad actual. Las principales vocales (a, i, u) podían pronunciarse, aunque con un sonido a medio camino entre ellas y con un hablar más lento y de menor claridad. Los avances realizados en los últimos tiempos en ingeniería genética no se han quedado al margen de tan importante temática. Según se desprende de un polémico y controvertido trabajo publicado recientemente por la Academia Británica, fue posiblemente un homínido del género masculino el primero en adquirir un gen, llamado Protpcadherin XY, de crucial importancia para la capacidad lingüística. Tim Crow, autor de la publicación, cree que este gen apareció entre 100.000 y 150.000 años atrás, lo que según él supondría un salto evolutivo que viene a coincidir aproximadamente con la aparición de los primeros Homo sapiens en tierras africanas. A pesar de que cada vez existen más casos que demuestran la capacidad de muchos animales para la comunicación, la creciente complejidad que ha ido paulatinamente adquiriendo el lenguaje humano, incluyendo la capacidad simbólica que actualmente posee, le proporciona multitud de ventajas respecto a formas de comunicación menos evolucionadas. La facilidad para comunicar información detallada sobre la naturaleza, la tecnología y las relaciones sociales es un elemento clave de la adaptación humana.

BIBLIOGRAFIA:

Boyd, R. y Silk J. B. 2001. Cómo evolucionaron los humanos. Ed. Ariel. Johanson D., Simon, B.
E. y Brill, D. 1996. From Lucy to Language. Ed. Simon & Schuster. Deacon, T. W. 1997. The
Symbolic Species: The co-evolution of language and the human brain. Penguin Books. Londres.
Pinker, S. 1995. El instinto del lenguaje. Alianza Editorial. Madrid.
ENLACES:

http://www.sciencefriday.com/pages/1995/Sep/hour2_090895.html
http://faculty.washington.edu/chudler/lang.html
http://www.geocities.com/xerexes/thesis.html
http://www.sigmaxi.org/amsci/articles/99articles/Corballis.html
AUTOR:
Equipo de Investigación de Atapuerca

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Introducción al Cuaternario

El Cuaternario es la última de las eras geológicas, también llamado Neozoico. Se desarrolla entre la actualidad como límite superior y el comienzo de las glaciaciones como el inferior, aunque también se han apuntado el origen del hombre o las migraciones de grandes mamíferos. El Cuaternario se divide en dos períodos: Pleistoceno y Holoceno. Serán las glaciaciones el fenómeno climático más importante de este largo período. Se consideran que se han producido cuatro con sus consiguientes interperíodos, denominándose Günz, Mindel, Riss y Würm como referencia a los ríos donde se determinaron las observaciones. Los depósitos continentales y costeros junto a los fondos marinos nos permiten un conocimiento de los fenómenos que ocurrieron, como el desarrollo de las formaciones morrénicas, fluvioglaciales, lacustres y eólicas (loess) o la formación de los últimos relieves alpinos. Respecto a la flora, los fósiles que han quedado nos ofrecen una curiosa similitud con la actual. Donde existieron más cambios fue en la fauna, donde se aprecia la desaparición de algunas especies como los proboscídios, el oso de las cavernas o el megacero. Pero la gran aportación respecto a la vida animal que se produce en el Cuaternario es el desarrollo del género Homo.
Desarrollo de Estudios Geológicos
El origen del hombre aparece relacionado con el reconocimiento de la antigüedad de la propia Tierra. A lo largo de los siglos XVIII y XIX los descubrimientos de la geología permitieron establecer no sólo que la Tierra debía tener más de los 4.004 años bíblicos sino que su historia geológica había sido enormemente complicada. Sin embargo, el reconocimiento de la antigüedad de la presencia humana necesitó también del reconocimiento de la evolución biológica. Los estudios de los geólogos destinados a desarrollar la naciente revolución industrial sistematizaron la corteza terrestre buscando nuevas fuentes fundamentalmente de materias primas y elaborando consecuentemente mapas y series geológicas que facilitaran la búsqueda de estas materias, fundamentalmente hierro y carbón. A lo largo del siglo XVIII se fue organizando este conocimiento y estableciendo el sistema de eras que conocemos en la actualidad: Primario, Secundario y Terciario, al que se unían unos niveles aluviales, indeterminados y superficiales, que según la ideología de la época se asociaban con el Diluvio. Ya en 1829 Desnoyers introduce el término Cuaternario para definir los niveles que cubrían el Terciario en la cuenca de París. Fueron, por otro lado, los trabajos de Charles Lyell a quien debemos la introducción en 1839 del término Pleistoceno (lo mas reciente) para referirse a este último periodo de la historia de la tierra, sin considerar referencias bíblicas, al utilizar los datos de la paleontología para caracterizar estos niveles y constatar que más del 70 por 100 de las especies fósiles se corresponden con las que aún se conservan. Sin embargo, el rasgo principal del cuaternario, la existencia de glaciarismo, todavía tardó tiempo en ser reconocido. La presencia de bloques erráticos y restos de morrenas, caracteres ambos típicos de la acción de los glaciares en la zona, fueron en principio interpretados como huellas del diluvio. Su enorme dispersión, ocupando casi todo el norte de Europa, estaba en contradicción con el propio sistema de Lyell, el actualismo, que propugnaba que los procesos antiguos eran los mismos que los modernos, y que sólo el estudio de las actividades geológicas que se conocían en la época podían explicar los de la prehistoria. La existencia de enormes cambios en la superficie de la tierra se acercaba más a la teoría catastrofista de Cuvier, centro principal de los ataques de Lyell. La ausencia en la actualidad de glaciares en las mismas zonas invalidaba toda posible interpretación glaciar de los mismos. Los bloques erráticos de granito, situados sobre las calizas de las montañas del Jura, fueron reconocidos como productos de glaciares por el suizo Saussure en 1779 y por el inglés James Hutton en 1795, quienes pensaron que en los Alpes había habido momentos en los que los glaciares se habían extendido más lejos que en la actualidad. La visión oficial, propugnada por el actualismo, hizo que fueran interpretados como bloques arrastrados por los icebergs del lejano Norte o por fuertes inundaciones. Entre los defensores de esta teoría estaba Charles Darwin, un lyellano convencido, que había visto los bloques arrastrados por el hielo durante su viaje en el Beagle por Tierra del Fuego. Poco a poco los investigadores, tanto suizos como noruegos, fueron observando otras evidencias del paso de glaciares sobre sus territorios. A la presencia de bloques erráticos o morrenas, se unieron las estrías producidas por la acción de bloques de piedra arrastrados por el hielo sobre las rocas. Fue Louis Agassiz quien en 1837 propuso la identificación de un gran período glaciar causante de grandes cambios climáticos y marcado por la extensión de una enorme capa de hielo que partiendo del Polo ocuparía toda Europa hasta los Alpes, así como Asia y América. A la presencia de huellas geológicas de la existencia de una época glaciar, se unieron otras procedentes de otros campos. A lo largo del siglo XVIII los viajeros rusos comenzaron a enviar noticias de la aparición de restos de mamuts enterrados en los hielos. Los colmillos de mamut habían sido durante mucho tiempo una importante fuente de dinero para los siberianos, quienes los habían vendido primero a los chinos, y después a los rusos. Los restos fósiles de estos animales fueron otro de los argumentos utilizados por los glaciaristas para defender la extensión de los hielos. Así, a partir de 1850 se comenzó a reconocer y reinterpretar otras evidencias, y se pasó de aceptar un diluvio a reconocer que la última parte de la historia de la Tierra se caracterizaba por la presencia masiva del hielo. Este reconocimiento cambió también la visión de la historia de los seres humanos. A la identificación, por parte de estos primeros investigadores, de una época glaciar, siguió la percepción de que ésta había sido más compleja de lo previsto. Ya entre 1847 y 1856 las investigaciones en Suiza, Gales y Escocia permitieron establecer dos niveles de morrenas, por lo que al nivel que los separaba se denominó, lógicamente, interglaciar. Poco a poco la historia del Cuaternario se fue volviendo más compleja. En 1882 Penck estableció la secuencia que ha pasado a ser clásica, identificando cuatro avances glaciares que reconoció en cuatro afluentes del Rin, entre Ulm y Munich. Sus nombres Günz, Mindel, Riss y Würm pronto pasaron a ser parte de la terminología geológica. La identificación de estos avances glaciares corrió paralela al reconocimiento de las fases interglaciares; sus sedimentos denotaban la presencia de faunas y floras templadas, que indicaban claramente que el clima había sido enormemente cambiante. Estos cambios climáticos implicaban no sólo que los glaciares habían ocupado Eurasia, sino que el clima global de la Tierra había variado. El reconocimiento de la globalidad de esta variación fue reconocido por investigadores como Luis Lartet, quien en el Mar Muerto identificó niveles que indicaban que el lago había sido más grande en otro tiempo por la acción de épocas más húmedas que la actual, correlacionando la subida de nivel de los lagos de climas áridos con la expansión de los glaciares. Durante los momentos glaciares, en las zonas áridas se había producido un aumento de la lluvia, que había provocado la subida del nivel de los lagos. Este hecho se constató también en otras cuencas lacustres de clima árido, como el mar Caspio o el mar de Aral. De esta forma se pudo confirmar la globalidad de los fenómenos glaciares y su repercusión sobre toda la superficie de la tierra. Sin embargo, la investigación geológica se planteó también la necesidad de caracterizar los tiempos geológicos actuales, para los que en el Congreso Internacional de Geología de 1885 se propuso el término Holoceno (totalmente reciente). Este presenta restos paleontológicos iguales a los actuales, y en muchos casos las propias formaciones geológicas se perciben en la actualidad. De cualquier modo, el reconocimiento de la realidad geológica de la antigüedad de la presencia humana sobre la tierra vino también complicada por el establecimiento de la propia edad de la Tierra. La famosa fecha establecida por el obispo Ussher, que situaba la creación el día 25 de octubre del año 4004 a.C., se basa en los cálculos bíblicos, único sistema de establecer cronologías conocido en la época. La identificación de los diferentes estratos geológicos de la Tierra y el triunfo de las hipótesis uniformitaristas de Lyell hicieron necesario considerar que la edad de la Tierra debía ser mucho más antigua como única forma de poder explicar la formación y posterior destrucción -por erosión- de las montañas. Es famoso el cálculo de Darwin sobre la erosión de los sedimentos del Weald (Cretácico) del sureste de Inglaterra. Calculando el volumen de los sedimentos preexistentes y la tasa de erosión marina, obtuvo una edad aproximada de 300 millones de años para llegar a la situación actual. Esta fecha, que si bien era sólo un ejemplo de técnica actualista, pronto se vio criticada y revisada. La crítica más efectiva vino por parte de uno de los más grandes físicos del siglo XIX, lord Kelvin. Óste, descubridor del sistema de temperaturas absolutas, se basó lógicamente en los datos físicos. Sus cálculos comenzaron por el calor emanado del Sol, llegando a la conclusión que si no se descubrían nuevas fuentes de calor el Sol, dado su volumen actual, no podía habernos calentado más de 100 millones de años. Otros análisis centrados en los propios sistemas físicos de la Tierra le llevaron a una fecha de 98 millones de años, aunque dejo un margen entre 20 y 400 millones de años. Estas fechas, avaladas por una personalidad científica como la de lord Kelvin, fueron siempre un obstáculo para los evolucionistas que no contaban con tiempo suficiente para poder mantener un ritmo constante en los pasos evolutivos hacia la humanidad, lo que llevaba indefectiblemente a aceptar un cierto catastrofismo, hecho éste siempre rechazado por los uniformitaristas.
Criterios Cronológicos

El cambio vino de la mano de la radiactividad y del descubrimiento de Pierre Curie de que las sales de radio emitían calor. De esta forma se descubrió la nueva fuente de calor que permitía alargar la edad de la Tierra. Así se llegó a la datación de las rocas más antiguas de la tierra que, en la actualidad, basándose en la descomposición del plomo, las sitúa en más de 3.800 millones de años, atribuyéndose a nuestro planeta una fecha de más de 4.500 millones de años. El descubrimiento de la radiactividad permitió también su aplicación en la propia datación directa de los eventos geológicos, convirtiéndose a lo largo del siglo XX en una de las bases fundamentales de la cronología del Cuaternario. El estudio de la descomposición del uranio permitió obtener dataciones de costras estalagmíticas, mientras que el carbono catorce sirvió para obtener precisas cronologías de los últimos 50.000 anos. La cronología del Cuaternario se estableció en primer lugar atendiendo a los cambios de fauna, representados por el nivel Villafranquiense para la fauna terrestre, y por el Calabriense para la marina. Aunque en la actualidad ambos pisos geológicos no se definen de la misma forma que anteriormente, se sigue, sin embargo, utilizando esta terminología para marcar el límite inferior del Cuaternario, habiéndosele propuesto una fecha convencional de 1,8-2 millones de años para el inicio del mismo. Las evidencias en la evolución de las faunas también hicieron necesario dividir el pleistoceno en varios períodos, denominándolos Pleistoceno Inferior, Medio y Superior. Su longitud no es igual, aunque en un principio se relacionó con los distintos eventos glaciares. Así, el Pleistoceno Inferior estaría relacionado con la glaciación Donau (que incluiría las evidencias glaciares pre-Günz), el Pleistoceno Medio con las de Günz, Mindel y Riss, y el Pleistoceno Superior estaría ocupado en su integridad por la última glaciación o Würm. Como hemos ido presentando, el concepto de Cuaternario fue poco a poco cargándose de contenido, tanto en términos geológicos como paleontológicos. Tradicionalmente fueron dos los criterios principales en que se basó su distinción. Por un lado, la presencia de los glaciares marcó la separación entre un Terciario, caracterizado por un clima templado, y un Cuaternario frío. Otro criterio fue la propia presencia del ser humano como algo especifico del Cuaternario desde un punto de vista biológico. Estos distintos criterios fueron delimitándose y depurando, de forma que en la actualidad ambos se han matizado y en cierto modo abandonado. Como se ve en el capitulo dedicado a la antropología física, en la actualidad el origen de los homínidos se sitúa en Africa, fuera del limite de los 1,8 millones de años, aunque esa fecha se acerca bastante a la atribuida a los primeros restos de Homo erectus. Sin embargo, los principales restos de homínidos de los tipos Australopitecus y Homo hábilis (estos últimos con las primeras evidencias culturales) son anteriores a este límite. La necesidad de establecer una mejor seriación de los eventos climáticos provocó por parte de los geólogos la búsqueda de mejores marcadores del clima que los efectos de los glaciares. Los sondeos de los fondos marinos fueron el instrumento ideal para establecer esta seriación. En los fondos marinos se depositan constantemente los restos de los foraminíferos y otros seres vivos microscópicos que forman el plancton. Al acaecer su muerte, su esqueleto desciende, depositándose en el fondo del mar. Mientras que la superficie de los continentes se encuentra afectada por todo tipo de acciones climáticas cuyos mecanismos son en muchos casos enormemente destructivos, los fondos oceánicos, especialmente las cuencas oceánicas, son relativamente tranquilos. Por esto se puede asumir una tasa de depósitos constante, producto de esta lluvia de esqueletos de foraminíferos. La presencia de los restos de estos pequeños animales permite varios tipos de análisis. Por un lado, se puede estudiar qué tipos de faunas están representadas. Como casi todas las especies animales su distribución se basa en sus preferencias ecológicas, por lo que los cambios globales del clima se reflejarán en la presencia o ausencia de determinadas especies. El estudio de los sondeos a lo largo de las cuencas oceánicas de Sur a Norte permite observar cómo las faunas de tipo polar, subpolar, transicional o subtropical suben o bajan según sea la climatología local. Durante las épocas glaciares las faunas polares descienden en latitud, pudiéndose encontrar en zonas más al sur de su distribución habitual, comprimiéndose la zona de las faunas subpolares o transicionales. A la inversa, durante los períodos interglaciares las faunas subtropicales suben hacia el norte. Así el estudio de los distintos tipos de faunas presentes permite caracterizar los cambios climáticos.

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miércoles, octubre 20, 2004

La Gran Mortandad

Hace 250 millones de años, algo desconocido arrasó con la mayoría de los seres vivos de nuestro planeta. Ahora, los científicos están encontrando pistas escondidas en el interior de diminutas cápsulas de gas cósmico, para resolver este misterio.

Enero 28, 2002: Fue casi el crimen perfecto. Algún forajido -- o forajidos -- cometieron un crimen a una escala sin precedentes en la historia del mundo. Dejaron pocas pistas de su identidad, y escondieron toda la evidencia bajo capas y capas de tierra. El caso ha permanecido sin solución por años -- 250 millones de años, exactamente. Ahora, sin embargo, las piezas están comenzando a caer en su lugar, gracias a un equipo de detectives financiado por NASA, que ha encontrado las "huellas digitales" del villano, o al menos de uno de sus cómplices.

Hace unos 250 millones de años la vida se encontraba en pleno florecimiento sobre la Tierra, entonces, durante un breve lapso de tiempo geológico, casi toda esta vida existente fue aniquilada. Esta imagen es una impresión artística de un pantano de Texas durante la era del Pérmico Temprano. Por eones, el terrible evento se ha perdido en la amnesia del tiempo . Fue solo recientemente que los paleontólogos, como exploradores que se tropiezan con una tumba sin nombre en el bosque, notaron una anomalía extraordinaria en el patrón de los registros fósiles: Bajo cierto punto en las capas acumuladas de tierra, la roca muestra señales de un mundo antiguo bullendo de vida. En capas más recientes, justo arriba de este punto, las señales de vida casi desaparecen.

De alguna manera, la mayoría de la vida sobre la Tierra pereció en un breve momento del tiempo geológico, hace unos 250 millones de años. Los científicos llaman a esto la Extinción del Pérmico-Triásico, o "La Gran Mortandad" -- y no hay que confundirla con la más conocida extinción del Cretáceo-Terciario que marcó el fin de los dinosaurios hace 65 millones de años. Lo que sea que haya ocurrido durante el período Pérmico-Triásico fué mucho peor: Ningún tipo de vida sobrevivió a aquella devastación. Árboles, plantas, reptiles, proto-mamíferos, insectos, peces, moluscos y microbios -- todos fueron aniquilados casi por completo. Prácticamente 9 de cada 10 especies marinas y 7 de cada 10 especies terrestres desaparecieron. La vida en nuestro planeta casi llegó a su fin.

Los científicos han sugerido muchas posibles causas para la Gran Mortandad: intensa actividad volcánica, una supernova cercana, cambios ambientales generados por la formación de un super-continente, el impacto devastador de un asteroide gigante -- o alguna combinación de estos. Demostrar cuál de estas teorías es la correcta ha sido difícil. La pista se ha enfriado durante los últimos 250 millones de años; mucha de la evidencia ha sido destruida.

En la época de la extinción, la Tierra se encontraba envuelta en una actividad volcánica que cubría gran parte de su área. Fotografía cortesía de Dick Rasp/National Park Service. "Estas rocas han pasado por muchas cosas, geológicamente hablando, y muchas veces no conservan muy bien la marca de separación (de la extinción)", dice Luann Becker, una geóloga de la Universidad de California en Santa Barbara. En verdad, quedan pocas rocas de 250 millones de años de edad en la Tierra. La mayoría ha sido reciclada por la actividad tectónica de nuestro planeta. Sin desanimarse, Becker dirigió a un equipo de científicos patrocinados por NASA a sitios en Hungría, Japón y China donde tales rocas aún existen y se encuentran expuestas. Allí encontraron señales de una colisión entre nuestro planeta y un asteroide de 6 a 12 km de ancho -- en otras palabras, tan grande o más grande que el Monte Everest. Muchos paleontólogos han permanecido escépticos sobre la teoría de que un asteroide causó la extinción.

Estudios anteriores de los registros fósiles sugerían que la hecatombe ocurrió gradualmente en el transcurso de millones de años -- y no en la forma de un evento repentino como un impacto. Pero conforme los métodos para establecer la fecha de la desaparición de las especies han sido mejorados, los estimados de su duración se han reducido de millones de años, a algo entre 8,000 y 100,000 años. Esto es un guiñar de ojos en términos geológicos. "Creo que los paleontólogos han cambiado de parecer y ahora encabezan la lista de los que sostienen que la extinción fue extremadamente abrupta", hace notar Becker. "La vida desapareció rápidamente en la escala del tiempo geológico, y se requiere de algo catastrófico para que esto ocurra. Toda esta evidencia es circunstancial -- en realidad no prueba nada. La evidencia de Becker, sin embargo, es más directa y persuasiva: Muy profundo dentro de las rocas del periodo Pérmico-Triásico, el equipo de Becker descubrió moléculas con la forma de un balón de futból lamadas "fulerenos" (o "bolas de bucky") (fullerenes o buckyballs, en inglés), con trazos de helio y argón atrapados en su interior. Los fulerenos contenían un número poco usual de átomos de 3He y de 36Ar -- isótopos que son más comunes en el espacio que en la Tierra. Algo, como un cometa o un asteroide, debió haber traído los fulerenos a nuestro planeta. Los átomos de carbón en una molécula de fulereno se encuentran distribuidos en un patrón esférico similar a un domo geodésico (los domos geodésicos fueron inventados por Buckminster Fuller y de ahí el nombre de las moléculas). Esta forma permite a los fulerenos atrapar gases en su interior. Imagen cortesía de Luann Becker.

Anteriormente, el equipo de Becker había encontrado este tipo de balones portadores de gas en capas de roca asociadas con dos eventos de impactos conocidos: el impacto de 65 millones de años de edad del periodo Cretáceo-Terciario y en el cráter de impacto de Sudbury en Ontario, Canada, cuya edad es de 1,800 millones de años. Ellos también encontraron fulerenos que contenían gases similares en otros meteoritos.

Tomadas en conjunto, estas pistas ofrecen evidencia convincente de que una roca espacial chocó contra la Tierra en los tiempos de la Gran Mortandad. Pero, ¿fué un asteroide el verdugo o solamente un cómplice? Muchos científicos creen que la vida se encontraba ya en decadencia cuando la supuesta roca espacial hizo su aparición. Nuestro planeta se encontraba en la agonía de una intensa actividad volcánica. En una región que ahora se conoce como Siberia, 1.5 millones de kilómetros cúbicos de lava fluyeron de una grieta gigantesca en la corteza (en comparación, el Monte Saint Helens dejó escapar cerca de un kilómetro cúbico de lava en 1980). Tal erupción pudo haber incinerado vastas extensiones de terreno, opacando la atmósfera con polvo y dejando escapar gases de invernadero que alteraron el clima.

En aquél entonces, la geografía del mundo también estaba cambiando. Las placas tectónicas empujaban y unían los continentes para formar el super-continente Pangea y el super océano Panthalassa. Los patrones del clima y de las corrientes oceánicas se invirtieron, gran parte del litoral y sus ecosistemas marinos de baja profundidad desaparecieron, el nivel del mar se hizo más bajo. "Si la vida se encontraba sufriendo todas estas vicisitudes", dice Becker, "y encima le cae una roca del tamaño del monte Everest -- ¡vaya! Esto simplemente es mala suerte". ¿Fue el "crimen" entonces, sólo un accidente? Tal vez. Sin embargo, no está de más identificar a los sospechosos -- un proceso que continúa -- antes de que suceda de nuevo.
Fuente: http://ciencia.nasa.gov/headlines/news_archive.htm, Reportajes de la NASA

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